Con-textos cartográficos
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Con-textos cartográficos

De CityWiki

Plantilla:Artículos al cuidado de Eduardo Serrano



¿De qué hablamos con este término, "cartografías"? Yo, que apenas soy un recién llegado a este tema, diría que no son más que mapas trabajados digitalmente, en soporte de papel o en el monitor del ordenador, donde se representa una porción de espacio (sea geográfico o conceptual, pues hay medios territoriales de ambas clases).

Surge inmediatamente la pregunta por el interés que esto pueda tener, pues no parece otra cosa que el típico mapa realizado con los programas informáticos de producción y gestión de imágenes. Creo que puede ser útil para justificar la atención y el trabajo que estamos dedicando a este tema que empiece narrando el proceso de mi propia aproximación y algunas razones del creciente atractivo que he ido descubriendo en esto.

He de decir que las primeras cartografías de este tipo que conocí me dejaron bastante indiferente. Lo que allí se mostraba era el mapa de una ciudad con una serie de iconos o símbolos referidos a los conflictos relacionados con el espacio urbano. Poco después conocí cartografías relativas a regiones geográficas más vastas, caracterizadas por problemáticas específicas (el ejemplo más notable, debido al grupo hackitectura, lo constituyen los mapas dedicados al área del Estrecho de Gibraltar y centrado en la problemática de los emigrantes africanos, que fue presentado en el evento Fadaiat 2004); acompañando esta imagen había en el envés del papel un plano de similar ámbito geográfico, aunque más esquemático, referentes a diversos colectivos y eventos relacionados con el activismo social. El plano del contraforo de Barcelona 2004 es parecido aunque más elaborado y generalista. En ambos casos había una utilidad primaria e importante: procurar una eficaz descripción de un conjunto muy complejo de problemas para los cuales se habrían necesitado muchos folios explicativos de tediosa lectura, siendo todavía tarea más laboriosa para el lector imaginar la relaciones de estos problemas entre sí y con el territorio físico.

Otro rasgo muy importante es su cuidada estética, producto de un esforzado trabajo de diseño. El resultado en los planos de papel grueso son objetos de poderosa presencia, referentes icónicos con fuerte carga afectiva capaces de contribuir a la mitopoiesis de estos eventos singulares o a lo largo de procesos más o menos largos. En este sentido también se busca que funcionen como afiches.

Pero salvo la calidad del trabajo y obviamente el particular contenido de su mensaje hasta aquí no aparece nada que no hubiera sido ensayado y producido en los folletos y mapas turísticos, por ejemplo. Su versión publificada en Internet añadía poco a la versión del soporte papel, era la misma imagen estática para ser contemplada en las pantallas.

Todo cambia, todo puede cambiar, mejor dicho, si se aprovechan las posibilidades de la Red. Ahora es cuando empiezan a surgir cosas interesantes, considerando que lo realizado hasta ahora son ensayos preliminares, tanteos de estilos expresivos, de construcción y uso de tecnologías infográficas, así como de creación de imágenes y expresiones donde se condensen los contenidos de los procesos reivindicativos, etc. Pero de momento, es mi particular y tal vez errónea impresión, existe una gran distancia entre el entusiasmo de los que investigan y producen estos nuevos medios de expresión y el desinterés del común de la gente que presuntamente se beneficia de estos productos, para quienes (vuelvo a suponerlo proyectando mi propia experiencia) no son más que versiones actuales de medios sobradamente conocidos. Una tarea inaplazable es, pues, indagar esta cuestión y resolverla lo antes posible.

No obstante estoy convencido de que la pasión de estos exploradores no está infundada; puesto que sabemos que estas tecnologías guardan potencialidades, futuros poderes para aquellos que las controlan. Efectivamente, hay un asunto de poder en todo esto y esclarecer la relación de estos inventos todavía a medio hacer y una cierta teoría que más o menos compartimos sobre el poder puede ser útil para justificar el interés de que los correspondientes desarrollos se realicen de determinadas maneras y no de otras. A este propósito dedicó el presente texto que en absoluto agota el tema, más bien se limitará a argumentar las anteriores afirmaciones de tipo general y expondrá algunos asuntos parciales, pero importantes, que pueden ser tratados en sucesivos escritos en la línea de proseguir el eje "cartografías tácticas" que empezó a exponerse públicamente en la jornadas de Fadaiat 2005. A estas líneas añado dos anejos que tratan aspectos tangenciales aunque importantes; los presento de esta manera para no cargar excesivamente la lectura del presente texto.

Sería equivocado, o al menos muy inexacto, atribuir el atractivo de estas exploraciones a la adquisición de instrumentos poderosos para beneficio personal; pues, como ocurre en muchos de los inventores, hay una componente importante de fruición en esa búsqueda. Pero hay algo más en juego, algo muy íntimo y a la vez fuertemente caracterizador de esta peculiar aventura tecnológica: la construcción de una comunidad por parte de algunos que perciben claramente como el panorama que se abre en el cibermundo es mucho más atractivo que en la ciudad heredada, cada vez más cerrada y codificada. Además la dedicación laboral convencional a sus respectivas profesiones conduce a un futuro cerrado, bronco y mediocre, pues la precarización invade todos los ámbitos laborales, incluso aquellos que tradicionalmente han gozado de relativa autonomía.

Por añadidura la actual tecnología telemática facilita un fantástico incremento de la comunicación a distancia, permitiendo que personas con modos de vida, inquietudes o dedicaciones laborales minoritarias encuentren compañeros de aventura, dando la oportunidad de que se alcance cierta densidad crítica en la acción colectiva, cosas imposibles cuando la dispersión geográfica debilita mucho las relaciones presenciales o confiadas a los medios de comunicación previos a Internet. De manera que existe un interés profundo, existencial, en desarrollar estos nuevos medios de relación social; aunque eso no supla la necesidad de los contactos personales directos.

Esta avidez por encontrar terrenos vírgenes para el desarrollo personal se ve estimulada por la gran cantidad de novedades tecnológicas; fenómeno que a veces se me ocurre comparar con la explosión de diversidad biológica que hubo en el precámbrico (similitud no del todo superficial o metafórica, por cierto); como entonces, ahora aparecen nuevas formas de vida.

Por otro lado las técnicas cartográficas han tenido desde antiguo un interés militar; en un contexto tan fluido y conflictivo como el actual su importancia es creciente; no sólo se dirime un dominio del espacio, sino también del tiempo. Y del mismo modo que lo espacial (geográfico o social, sigo sin hacer distinciones) se amplia y profundiza extraordinariamente, la escala temporal también se agranda, abarcando también lo posible e incluso la utopía. Hoy más que nunca la pregunta por quiénes somos se confunde con la cuestión del dónde estamos.

A medida de que las fronteras con lo bélico se van difuminando aparecen motivos de carácter estratégico en los aspectos cartográficos del cibermundo, debido a que aquí convergen dos tipos de intereses, con frecuencia enfrentados, los de los nuevos cartógrafos (y en general del movimiento hacker) y en el lado opuesto los que defienden la permanencia de la relaciones sociales del capitalismo y de su modo de producción, en estos momentos considerablemente trasformado. Analizar las razones del capitalismo es fundamental para poder explicar la actual situación, además de comprender la trascendencia social que pueden tener tecnologías en desarrollo de las cuales son parte las cartografías cíber.

Nuestra era del ciberterritorio se distingue de la primera época, la de las primitivas comunidades de usuarios, entre los años 60 y principios de los 90, en que la transformación afecta la vida de la población entera, especialmente en las “sociedades desarrolladas" aunque haya escasa conciencia de ello. Internet es un fantástico acelerador de todo, de lo bueno y de lo malo; esa es su cualidad. La sorprendente expansión de la telefonía celular en el tercer mundo augura que todo el planeta será ciberterritorio en pocos años.

Por lo tanto el futuro no se juega entre dos agentes, sino entre tres, aunque el tercero de ellos se asimile en demasiadas ocasiones a un elemento poco activo, aliado natural de los cibercartógrafos (o eso es lo que estos suponen), pero de momento poco efectivo debido a su escasa preparación técnica; tienen poco que decir (se sigue suponiendo), pues la titánica guerra es fundamentalmente entre Goliat-capital y David-ciberresistencia. Pero no olvidemos que junto a los motivos señalados de fruición y desarrollo personal está la poderosa tendencia (tentación) natural de que los productores-inventores de las tecnologías las monopolicen en su provecho, cumpliendo una de las leyes sustanciales del capitalismo: la apropiación y la capitalización privada de una riqueza que pertenece a todos.


1. El cibermundo y sus transformaciones

La tecnología moderna ya no es sólo el factor que conduce fatalmente a cubrir la vida con el manto de lo inauténtico, como decía Heidegger. El cibermundo está propiciando que antiguas ideas e intuiciones tomen cuerpo como sorprendentes realidades a una escala tan potencialmente masiva que contribuyen y contribuirán decisivamente a una transformación histórica, incluso más profunda que las provocadas por la imprenta o por la escritura alfabética. Veamos sucintamente algunas de estas transformaciones y sus consecuencias en el mundo de las cartografías.


Inteligencia distribuida

Las máquinas de tercera especie u ordenadores, conectadas en red tienen la propiedad de ser reversibles, igual que lo es cualquiera de las máquinas de segunda especie (por ejemplo el motor eléctrico) o de primera especie (la palanca). Esto quiere decir que lo mismo reciben y procesan información como pueden emitirla después de haberla generado; al respecto hay que precisar que en realidad esta cualidad debe atribuirse al conjunto ordenador en red-usuario (ese ser híbrido es lo que ahora conocemos como cyborg). Acelerado abaratamiento de los equipos, incremento de la capacidad de flujo en la telecomunicación y del mismo modo la disponibilidad de programas cada vez más potentes y más extensamente aplicables conduce a que los usuarios puedan ser inventores y fabricantes de productos útiles, dar y recibir, tanto medios de producción (nuevos programas informáticos) como bienes de consumo (textos, imágenes,... cartografías); sin que sea un obstáculo insuperable la no disponibilidad de fuertes capitales económicos para conseguir lo que siempre ha sido necesario para la producción, es decir, máquinas, instalaciones, tecnologías, locales, fuerza de trabajo. La consecuencia es que muchos programas, sobre todo los de moderada complejidad, pueden ser producidos sin tener que recurrir a grandes recursos privados o monopolizados.

Complementario con lo anterior es la posibilidad de que pueden llevarse a cabo procesos masivamente paralelos: cada nodo puede trabajar de modo autónomo en tareas parciales mientras que la conectividad generalizada propicia una especie de coordinación de los trabajos, espontánea y aproximada pero eficaz; en esta situación ciertos tipos de trabajos colaborativos no tienen necesidad de órganos organizativos superiores ni la fijación de objetivos finalistas, ni tampoco rígidos programas temporales. La acumulación de productos parciales redunda en beneficios para el conjunto, a la vez que son posibles transformaciones y mejoras en cualquier parte sin que se resienta el funcionamiento del resto; esta manera de funcionar que (se) hace (en el) espacio también abre el tiempo, aún más con la aparición de los programas evolutivos, capaces de aprender, y por tanto capaces de logros impensables para los programas cerrados. Probablemente la elaboración de cartografías sea un tipo de trabajo muy susceptible de realizarse en estas condiciones, a la vez que se aprovecha de sus inmensas ventajas. Es precisamente el juego de lo local y lo global, sustancial a los productos cartográficos, lo que está implícito en la actividad distribuida funcional en el cibermundo; y eso tanto a nivel de los procesos como de los resultados. No puede decirse que esta tarea se hace fragmentadamente porque en realidad no hay nunca un todo al que se le atribuyan fragmentos o partes. Es ni más ni menos el "mapa" que se compara con el "calco" en el rizoma de Deleuze y Guattari. Mapa rizomático, siempre en devenir.

La inmaterialidad típica de los ciberproductos ha hecho estallar un problema que siempre ha existido pero que los poderosos han podido sortear o enfrentar dado que la mayoría de la población no lo sentía como tal problema: el derecho de reproducción, divulgación y uso de las mercancías inmateriales. Lo agudo del conflicto se manifiesta, entre otras cosas, en la aventura, ampliamente compartida, del código abierto y sus derivaciones, todo ello con su propio aparato jurídico (el copyleft, por ejemplo). Pero en el seno de la multitud los sujetos de conocimiento y de acción menos que nunca coinciden con individuos aislados ni tampoco con organizaciones molares (instituciones, empresas, cuerpos profesionales o sus agrupaciones formales de carácter mixto).

La licuefacción de los sujetos, individuales o colectivos, tiene como consecuencia que la atribución a esos agentes de los bienes, igualmente de contornos difusos, sea cada vez más problemática, haciéndose inviables los criterios jurídicos convencionales que sustentan la propiedad privada. Las cartografías deben ser, por su objeto y operatividad, un ejemplo cualificado de este tipo de bienes, atribuibles al común.


Los productores: expertos y legos

El abandono de las prácticas de captura y uso monopolizado de las capacidades y habilidades expertas debería favorecer un protagonismo distribuido y compartido donde los ámbitos entre productores-inventores-gestores de los programas y por otro lado los usuarios de dichos programas compartieran fronteras permeables, espacios de encuentro, intercambio y cruce. Así como la distinción entre productor y consumidor hemos visto que pierde dureza, la distribución de expertos y usuarios debe dejar de corresponderse con agentes sociales fuertemente separados, eliminando las condiciones que favorecen las relaciones de dominación-sumisión.

Más aún, el mismo concepto de tecnología debe reformularse, dejando de aplicarse exclusivamente al mundo de los artefactos; también existen, ya lo hemos adelantado, tecnologías sociales (u organizacionales), e incluso tecnologías morales. No es tanto una propuesta como el reconocimiento de una necesidad la que se expresa diciendo que los usuarios-consumidores deben tener un protagonismo central en el modelo de cibercartografía que imaginamos, aportando, renovando, profundizando los contenidos; es ahí donde tiene lugar otro tipo de tecnología, hasta ahora infravalorada, la tecnología social. No es descabellado otorgar preeminencia a estas tecnologías sobre la convencional o mecánica, dado que los mismos expertos en ésta sufren o se benefician de las tecnologías sociales.

Con todo esto podemos ver hasta qué punto el juicio que condena la tecnología debe revisarse. Si la tecnología se limitara a ser tecnología mecánica, o sea, un simple intermediario alienante entre los mundos humano y no humano, sería cierto el peligro de que las relaciones entre humanos acabarían ajustándose a esos modelos instrumentales, haciendo de los hombres simples medios, cosas mecánicas e inanimadas. Los datos que tenemos nos inducen a suponer justamente lo contrario: que la tecnología primordial es la tecnología social, la que se aplica sobre el cuerpo y el alma de los hombres (tanto es así que precede cronológicamente a las tecnologías de los artefactos). Esa clase de tecnología también debe ser investigada.

También podemos entrever los rudimentos de una tecnología moral que se condensaría parra las fibras tecnologías y en el precepto " NO CERRARAS" (equivalente al que prohíbe la apropiación privada de los ciberbienes). Por el mismo motivo, por desconocer en definitiva el contexto social en que la tecnología convencional tiene lugar, hace unas décadas no era fácil imaginar una tecnología como la que inventaron, por ejemplo, los pioneros de Internet, una tecnología proliferante, difícil de controlar y monopolizar, cuyo desarrollo y expansión (así como de las posibilidades de negocio privado que en ellas se sustentan) no son posibles sin el protagonismo y creatividad crecientes de los individuos interconectados y sin el vigor de lo que es propiedad común.


Hiperespacios

Otro de los desarrollos que el cibermundo ha potenciado de modo casi explosivo es el hipertexto, hasta el punto de que en muy pocos años se ha hecho recurso habitual. El hipertexto no es propiamente un ciberproducto, habiendo, sobre todo en la literatura, antecedentes clarísimos (por ejemplo la novela Rayuela de Julio Cortázar; la enciclopedia de Diderot y d'Alambert también apunta a una forma hipertexto, en contraposición al diccionario en que la cadena entre términos se limita a sus significantes). El hipertexto introduce aperturas explícitas en el decurso del texto. Esto supone añadir al conjunto discursivo de lo que se está leyendo otros bloques discursivos; mediante los hipervínculos asociados a palabras aisladas o a frases cortas accedemos a textos completos, que incluso pueden ser más útiles que el texto de partida. En realidad lo que conseguimos es una prótesis de gran potencia para la máquina mental.

El cambio es similar al que supuso la escritura alfabética para los pueblos del Mediterráneo oriental hace unos 2500 años, que permitió liberar a la memoria de lo que ahora se nos antojarían pesadísimas y comprometidas tareas instrumentales del pensar, algo que en cierto momento suscitó inquietudes bastante justificadas y que han llegado hasta nosotros: "Si el hombre aprendiera esto, el olvido se apoderaría de su alma, puesto que dejaría de ejercitar su memoria para relegarla a lo escrito, evocando las cosas no ya desde su interior, sino en las marcas del exterior” [Platón, Fedro; en ABRAM 1999: 118 (el resalto en negrita es mío)].

Si admitimos que el proceso de la adquisición de conocimiento, de acuerdo con el carácter activo del aprendizaje según Piaget, no es tanto la memorización de la información contenida en conjuntos de datos sino captar los invariantes comunes a esos diferentes conjuntos (es decir, no las cosas, sino la relaciones entre las cosas, captura que se consigue en el pensamiento o movimiento mental que atraviesa esos conjuntos), no cabe duda de que el hipertexto, al presentar con prontitud esos bloques conceptuales, es una gran ayuda a la actividad mental itinerante entre dominios cognitivos diferentes.

El equivalente cartográfico del hipertexto es el hipermapa ¿Qué es esto? Algo que es familiar a los que usan los programas de tratamientos de imágenes y sobre todo los Sistemas de Información Geográfica (SIG): hipermapa sería el mapa compuesto de capas, un mapa con espesor, con profundidad. Cada capa puede representar un aspecto diferente del territorio; y las relaciones de las capas entre sí son fuentes de interesantes enseñanzas. De hecho los ejemplos antes expuestos ya eran hipermapas elementales al presentar en un papel desplegable dos caras que correspondían, respectivamente, al territorio como exterioridad, dotado de un marco geográfico claro, y por otro lado al territorio interior, es decir las redes sociales en las que la relación entre nodos es más importante que los anclajes al medio físico. Aun en su simplicidad estos bimapas son importantes porque nos muestran un rasgo fundamental de las cibercartografías, tal como yo las imagino: está dualidad se corresponde con un dispositivo binario, con una cara (geo)descriptiva y otra cara donde se expresan las diversas subjetividades colectivas e individuales que constituyen la máquina que produce dicha cibercartografía.


Navegación

El modo específico y habitual de estar (de habitar) en el cibermundo es la navegación. La misma disposición del hipertexto y del hipermapa invita a ello para aprovechar sus posibilidades. La navegación sólo puede hacerse en un espacio con dos o más subespacios. Si sólo hay uno resulta que para llegar a un punto concreto es obligado pasar por otros ciertos puntos, por lo que sólo hay un camino posible. Una estructura arbórea también implica recorridos unidimensionales; y es así como están organizadas las taxonomías científicas, siendo eficaces si lo que se pretende es una respuesta para una cuestión concreta [MATHES 2004]; en este caso la actividad del usuario es mínima y todo se reduce a caminar desde un punto de origen a otro de destino a lo largo de un único camino. En cambio en una red que se despliega en dos o más espacios desaparece la centralidad dominante a partir de la cual se ramifican, por particiones binarias, los discursos.

Navegar es equivalente a explorar un territorio complejo, buscando posibilidades más que persiguiendo un objetivo predefinido. Como en cada salto las opciones de búsqueda se multiplican es necesario que el navegante tome la iniciativa y se mantenga atento; lo cual conduce a la adquisición de las habilidades necesarias para no perderse o perder el tiempo (por cierto que el tiempo empleado en esta actividad ya puede ser algo sustantivo, interesante de por sí). Es lo que se llama interactividad.

El relajamiento de los comportamientos reglados hacen de la actividad exploratoria algo próximo al juego, con un cierto grado de indeterminismo, propiciando tanto la hiperactividad estéril como la creatividad. Esta necesidad de una disposición activa, casi aventurera, por parte del usuario contribuye decisivamente a la cancelación de la separación entre éste y el autor.


2. Nuevas composiciones de cognición y sensibilidad: recuperación de las potencias corporales

El soporte de la escritura ha sido siempre un espacio bidimensional, en hojas planas luego apiladas en "volúmenes" o libros; existen variadas razones que explican por qué el formato más idóneo para un texto es éste, razones prácticas en cuanto a economía, manejo físico y confección en imprenta; y también otras dos razones que tienen que ver con la ejecución de la escritura y con la actividad lectora respectivamente: el trazado de los signos sobre papel y la traducción del texto al orden intelectual del lector, en las que nos detendremos un momento debido a que se relacionan con el sustrato corporal o sensible sobre el que descansa el discurso.

Hasta la llegada de la escritura Morse del telégrafo la inscripción de los signos alfanuméricos sobre papel era deudora del origen pictográfico de la escritura: cada letra, cada número deben ser grafiados en un espacio bidimensional, lo cual no obsta para que palabras y frases sigan una secuencia unidimensional. El telégrafo, invento que inaugura la protohistoria del cibermundo, consigue una escritura casi perfectamente lineal; no sólo del lenguaje escrito en cualquiera de sus formas, pues a partir de la descomposición digital del escáner, de la misma época, allá por los años treinta del siglo XIX, también son digitalizables y transmisibles por telégrafo imágenes bidimensionales. Este tipo de escritura no se ha impuesto evidentemente debido a sus desventajas en relación con la primera serie de razones prácticas que antes se han expuesto, pero sobre todo, es mi interpretación, debido a los problemas de lectura (aunque esto no sea una razón definitiva, tal vez unos humanos construidos y habituados a otros esquemas sensoriomotrices preferirían fórmulas como las del Morse; pero esto en cualquier caso sería, en los dos sentidos, otra historia).

¿Cómo leemos? y en particular ¿Cómo leemos textos no triviales? El registro de la lectura más rutinaria opera por palabras enteras (o incluso secuencias de varias palabras), para las que basta reconocer algunas sílabas, prescindiendo completamente de otras. Cuando leemos un texto con elevada carga de novedad en cuanto a su contenido, su registro pierde automatismo y no son raras las vueltas atrás, el repaso cuidadoso de frases y a veces de palabras concretas; algunas veces falla la comprensión, es decir la captura de las ideas expresadas, y entonces es preciso rehacer la lectura desde un cierto punto; o simplemente se deja el asunto a la espera de que más adelante nuevos datos aclaren contextualmente lo que queda provisionalmente aparcado. Las operaciones más fructíferas son las que pueden asimilarse al uso del hipertexto: de repente una palabra o una frase concreta demandan una comparación con bloques de textos ya leídos en otro momento, en el presente documento o en otro cualquiera.

De este modo líneas irregulares de lectura se superponen y cruzan los planos bidimensionales o los volúmenes de líneas de texto regular, apretadamente dispuestas en las hojas de papel; en estos recorridos lectores la mente a veces tropieza con agujeros puntuales que comunican con otros libros, otras ideas, otras experiencias. Una cosa es lo ya escrito, que generalmente se ajusta a una regularidad bastante codificada, y otra cosa es la actividad, sumamente variable, de los lectores singulares. Si estudiamos en los escritos la dimensión fractal de la compacta agrupación de líneas paralelas trazadas sobre el papel, fácilmente calculable, obtendríamos una cifra estable mayor que la unidad pero menor que 2; pero esto solamente es la mitad del asunto, la mitad del agenciamiento escritura-lectura, pues en cada momento el lector trazará otras líneas, siempre diferentes, salpicadas de saltos, retrocesos, divagaciones, vacíos, perforaciones; el recorrido no sólo se diagonaliza, embarulla y traza bucles, sino que ocasionalmente también añade dimensiones perpendiculares que apuntan al afuera: imposible aplicar ya el refinado cálculo de la dimensión fractal porque aparece el cuerpo.

Vemos cómo la navegación también se da en la lectura convencional, actividad que habitualmente tendemos a considerar a el reducida a lo cognitivo a través de argumentos encadenados en secuencias gramaticales codificadas según progresiones que damos en calificar como lógicas.. Pero la atención consciente no es lineal, sino a saltos, registrando el texto de modo puntual, apoyándose en un seguimiento más automatizado de lo que parece dado que nuestros mecanismos perceptivos y parcialmente subconscientes asumen fragmentos cada vez mayores a medida que la mente se familiariza con los diferentes estilos de exposición literaria.

Si ahora consideramos qué ocurre con las imágenes en vez del lenguaje escrito, empezamos por registrar lo obvio, que el soporte comunicativo ya no es unidimensional; pero ese salto hasta lo bidimensional es relativo pues aunque ahora no existe la forzosa linealidad de la escritura convencional, los procesos de reconocimiento y asimilación no dejan de seguir pautas de los modos habituales de lectura de lo escrito (influencias recíprocas entre texto e imágenes, confirmando que el proceso de leer textos o de explorar imágenes tiene una dimensión fraccionaria entre 1 y 2). Pero las diferencias son importantes porque el margen de maniobra de que disfruta el explorador de imágenes sobre el lector de textos es mayor al no verse constreñido por el canal que guía la secuencia de la exploración; y también lo es el predominio del nivel perceptivo subconsciente sobre el cognitivo consciente; podría decirse que el mapa es cálido y denso, la escritura es fría y tensa.

Hay que añadir que en cambio el espacio de imaginación (es decir, de vuelta al mundo de las imágenes, ahora virtuales, destino final de gran parte de los textos escritos: literatura, prensa, revistas, etc.) que concede lo escrito al lector es mayor que el que las imágenes o figuras otorgan al explorador u observador, pues en este caso dicho espacio ya existe como premisa perceptiva. Esa es la ventaja de lo escrito, una ventaja que nace paradójicamente de que hay una instancia intermedia entre discurso e imaginación figural que compete al lector, un salto entre dos órdenes inconmensurables que debe ser cubierto con una transducción, donde la comunicación puede fracasar, pero también donde la creatividad puede darse esplendorosa a partir de la complicidad entre emisor y receptor. Para complicar aún más este juego de relativismos el arte plástico moderno ha conquistado a su manera esa instancia intermedia, ese espacio sinóptico y problemático, que interrumpe la supuesta continuidad entre las imágenes sensibles que, como premisa perceptiva, se ofrecen al observador y la imagen mental que éste construye; de ahí la perplejidad que provoca toda obra de arte novedosa y el esfuerzo que demanda del observador.

Con esto confirmamos algo que recorre estas reflexiones: que en la modernidad el receptor ha ido adquiriendo un protagonismo creciente, a lo que ha contribuido decisivamente la actividad de los literatos y artistas plásticos, a quienes corresponde el mérito de esta evolución que tal vez se pueda calificar como resultado de una especie de biopolítica profunda, más eficaz cuanto más inadvertido ha sido este proceso (verdaderamente máquínico, en el sentido que le dan Deleuze y Guattari a este término). Más todavía en estos momentos, cuando la tecnología infográfica trae dos novedades trascendentales: textos o imágenes en la pantalla pueden programarse para que se hagan sensibles a la actividad del observador; ya no son objetos cerrados; y si el lector tradicional puede anotar con el lápiz su libro, el internauta puede modificar de muchas maneras lo que observa en el monitor; el cyborg es cada vez más una realidad singular en la medida en que crece la reciprocidad entre sus dos fases (entre el usuario y el programa informático).

Las posibilidades se multiplican cuando se trata de imágenes, proporcionando al usuario vastísimos terrenos de invención: combinaciones, mezclas, mutaciones, evoluciones de todos los tipos, desde las dirigidas hasta las caóticas, pasando por la autorganizadas, manipulación de sonidos incluyendo sampleados y transcripciones de lo visual a lo acústico y viceversa, más todas las promesas de la realidad virtual que paulatinamente se harán realidad, con el gran salto que supone lograr un ambiente inmersivo, ya logrado de manera elemental con los programas de simulación o los juegos de rol, territorios tanto cognitivos y sensoriales como propiamente kinestésicos (sensorialidad asociada a la movilidad corporal), involucrando de manera efectiva las potencias del cuerpo.

Del texto escrito al mapa, y siempre desde la perspectiva adoptada en estas líneas, hay una gradación, que gracias a la tecnología digital se extiende y diversifica muchísimo, con toda clase de combinaciones, ganando una enorme potencia expresiva. Son precisamente esas posibilidades las que urge explorar con el fin de que los agentes sociales, desde individuos a grandes colectividades, adquieran unos instrumentos que hasta ahora (y de una manera pobre en comparación con lo que podría hacerse), han servido con preferencia a los intereses de los sectores sociales dominantes.

Gracias a instrumentos como los mapas mentales empieza a ser posible gestionar una enorme cantidad de información con cierta autonomía respecto la pesada linealidad del texto escrito. La clave, a mi entender, es que bloques diversos de conocimientos (en formas discursivas y figurales) puedan representarse en campos de relaciones mediante identificadores apropiados, sumamente compactos. Por ejemplo los tags (etiquetas); este fenómeno social, ahora en auge en el cibermundo, está emparentado con la semántica de las taxonomías clásicas, de tipo generalmente arbóreo, como se ha dicho, en donde cada categoría de un cierto nivel representa varias categorías del nivel inferior, identificándose todas ellas con nombres adoptados convencionalmente por los expertos reconocidos en ese saber institucionalizado. Pero son nuevos modos de clasificar lo que ahora empieza a surgir, sumamente heterodoxos, múltiples, variables, etc. generados de modo distribuido en la Red (las folksonomies [MATHES 2004], de nombre doblemente equívoco, pero que nos invita a recordar que es de este modo como ha quedado fijada la inmensa mayoría de los términos del lenguaje natural). Vemos en este ejemplo cómo asoma la multitud (conectada), ese tercer agente del que ya se ha hablado.

Los mapas mentales y artilugios parecidos pueden multiplicar espectacularmente la productividad de los que se dedican a crear y gestionar conocimiento; de la misma manera sucede mediante las nuevas maneras de representar sensorialmente los objetos que alimentan los procesos mentales (conceptos, ideas, fórmulas, definiciones, textos cortos o largos, etc., así como imágenes de cualquier tipo) en el seno de contextos gráficos que pueden servirse de un amplio repertorio de recursos, sean familiares o convencionalmente establecidos para la ocasión, incluso según metáforas del entorno físico, tal como ciudades, librerías, paisajes montañosos,...

Aparte de la tendencia de que estos nuevos instrumentos sean patentados, se automaticen y se conviertan en medios de producción fuera del control de sus productores directos (que de esta manera devienen en un nuevo proletariado, el cognitariado), me interesa destacar aquí la razón de sus extraordinarias cualidades como herramientas del conocimiento. Por primera vez es posible, más allá del formato lineal de la escritura, fabricar de manera sistemática, propiamente tecnológica, artilugios exentos al cerebro humano con los que poder organizar las complejas tareas que son instrumentales al pensar (una exteriorización similar a la que supuso la escritura alfabética, como Platón ya señaló). La incorporación de una segunda dimensión, más los recursos pictográficos casi infinitos y un entorno multisensorial (el horizonte de la realidad virtual) liberan al sujeto de la prolija y dificultosa actividad mental de organizar y componer la información que precisa; todo eso se automatiza, pasa a ser gestionado por el cyborg formado por los infochismes y las capacidades perceptivas humanas; la atención consciente entonces puede ocuparse de niveles mentales de mayor abstracción (más desterritorializados), supuestamente con más tiempo y medios aplicados a la creatividad. Con-textos cartográficos. Las cartografías en el cibermundo (y 2)


3. Aspectos críticos

Dado que he señalado los aspectos positivos de estas tecnologías, no ayudaría que en este repaso general me olvidara de aquellas consecuencias negativas que también parecen intrínsecas a ellas, venturas y desventuras de nuestro tiempo, ni más ni menos que las oportunidades y peligros de toda aventura.

Para su exposición, ahora breve en beneficio del lector, me remito a los mismos motivos que me permitieron componer la serie de los epígrafes anteriores. Fundamentalmente son cuatro los peligros que es posible, no sólo imaginar sino también constatar con hechos, en relación con los otros aspectos citados.

El peligro del encapsulamiento de las multiplicidades de cualquier tipo (individuos o comunidades poco o muy numerosas), derivada de la integración de las funciones binarias ya reseñadas (producción-emisión y a la vez consumo-recepción), a partir de la sensación de una autosuficiencia por completo irreal, favoreciendo una especie de autismo social que en el fondo es simplemente ignorancia del otro (y por lo tanto de la propia condición de los que así piensan).

Un efecto parecido de superindividualización podemos verlo en el ensimismamiento inducido por una actividad desaforada: al respecto es bien conocida la cualidad adictiva de muchas de las actividades de ocio o de trabajo en el cibermundo, una especie de huida a un encierro interior estimulada a menudo por la conflictividad de la vida en el geomundo. Este fenómeno no es de ahora: conocidos son los efectos de este tipo que sufren los que se dedican a una incesante actividad marcada por un imperativo moral (aunque sea paradójico: ganar mucho dinero); y también el efecto narcótico e incluso placentero de actividades muy repetitivas y rutinarias, como el caso de las trabajadoras textiles sometidas a prolongadísimas jornadas, para escándalo de sus patronos, tal como lo cuenta Foucault sobre las fabricas-domicilio para mujeres pobres en el siglo XIX.

Es digno de señalar que el encapsulamiento es en definitiva el resultado de la intermediación de toda relación social por parte de cosas como la mercancía, pero que también puede darse en grupos que encuentran su identidad precisamente en su oposición a ese entorno supermercantilizado percibido como alienante; si este efecto puede calificarse como un objetivismo, el ensimismamiento, en cambio, sería un subjetivismo, provocado por una hiperactividad mental, típica de los que se sumergen en el cibermundo, en un entorno precisamente caracterizado por la interiorización de la movilidad física.

El segundo peligro tiene que ver con los efectos multiplicativos inherentes a la automatización de muchas tareas intelectuales gracias a la manipulación virtual (otra vez la movilidad virtual) de grandes bloques de información que se hacen visibles y manejables fuera de la mente del usuario a través del conjunto monitor-teclado. El incremento fabuloso de productividad que esta tecnología propicia (origen de la plusvalía relativa según Marx) se magnifica todavía más con la extensión de la jornada laboral (fuente de la plusvalía absoluta) como resultado de la hiperactividad ya repetidamente señalada como característica de estas primeras fases históricas del cibermundo. Es de esperar, por lo tanto que exista un grandísimo interés por desarrollar, controlar y aplicar las tecnologías que ya han sido glosadas anteriormente, una vez conseguida la efectiva confiscación de partes importantes de las mismas mediante astucias jurídicas como las patentes.

Que yo pueda atisbar existen otros dos peligros, ambos acechan muy especialmente a los cartógrafos y en general a los expertos, hackers y demás. Hemos hablado de una tecnología moral y prolongaremos esta reflexión pero advirtiendo, como premisa imprescindible para entender lo que sigue, que no es lo mismo moral que ética. Respectivamente son como la trascendencia es a la inmanencia; la moral implica el deber, el control y el autocontrol, mientras que la ética está relacionada con el poder, entendido no en la acepción de lo que posibilita el sometimiento, sino como potencia de ser. La ética no puede ser objeto de una tecnología ni tampoco de una política.

Dicho esto se comprenderá el peligro que suponen los principios y técnicas morales. De ahí salen todos los fundamentalismos, no habiendo dudas de que el cibermundo, dotado ya de sus venerables padres fundadores, de sus santos y doctrinarios, con multitud de tribus y comunas, y sus promesas de enormes tesoros, da y dará lugar a sus específicos moralísmos; de hecho uno no puede dejar de inquietarse cuando en sus mismas ideas y opiniones descubre un marcado escoramiento al rechazar de entrada todo lo que se aproxime a cierre, propiedad privada, beneficio económico, permanencia (como lo contrario a variación continua), enraizamiento, etc. Eso muestra que no podemos olvidarnos de lo fácil (porque es muy cómodo) que es el que nos habituemos a unas ciertas plantillas mentales que aplicamos de modo sistemático, apriorístico y despreocupado, todo ello justificado moralmente de una vez por todas.

Por último, el peligro que podría llamarse del "campo del juego", siendo muy genérico, tiene igualmente una modalidad típica del cibermundo, aunque desborda claramente este ámbito. En un hipertexto, como en todo hiperespacio compuesto de bloques o ámbitos que son explorables en sucesión, serán decisivos los hipervínculos que su productor haya establecido; es evidente que tratándose de textos los vínculos que los ligan deben estar preestablecidos, o sea, decididos y dispuestos por el redactor del texto: "Los vínculos hipertextuales no establecen sólo relaciones entre las ideas y los conocimientos, sino que establecen, con los a priori y las rigideces verdaderas que los acompañan, una geografía del conocimiento. No existe ninguna topología neutra." [WOLTON 2000: 147].

Siendo inevitable que así suceda, conviene al menos conocerlo; lo mismo ocurre en otros ámbitos, en ciertas modalidades de la práctica actual del arte por ejemplo, y bueno será tomar nota de lo siguiente: “[...] para los más escépticos, el sistema hipertextual, lejos de ofrecer una vía hacia una pretendida supresión de ´límites entre los diferentes estados mentales´ que son propios de la creación, se entendería como otro ejemplo de la creciente y negativa tendencia a la ´externalización de la vida mental´en nuestra sociedad. De esta forma, los enlaces, el hipervínculo, verdadero principio del lenguaje de los nuevos medios interactivos, podría servir para objetivar aún más, como propone Manovich, los procesos de pensamiento que envuelven las actividades de conectar ideas, imágenes, recuerdos, pidiendo al espectador ´seguir asociaciones programadas,´ haciendo, incluso, que acabemos confundiendo ´la estructura de la mente de alguien por la nuestra´” [MARTÍN PRADA 2003].

En efecto, estamos hablando de un “campo de juego”, un espacio acotado mediante unos límites determinados y con unas reglas también preestablecidas, donde muy bien puede suceder que creyendo que nos conducimos con total libertad en realidad practicamos algo parecido a un juego, siguiendo unas reglas que no hemos inventado nosotros ni siquiera, eso es lo peor, siendo conscientes de su existencia. Pero sabiendo esto también podemos cambiar las reglas; por ejemplo desplazando “[...] el concepto de obra interactiva al uso interactivo de la obra, entendiendo la interactividad como un uso diferente de la obra, uno no contemplado por su autor” [MARTÍN PRADA 2003].

En fin, nada que sea verdaderamente nuevo, esta situación es la de todo espacio social; es más, sin ello lo social humano no existiría.


4. Mapas y territorios: una propuesta de (cíber)cartografía

En un extraordinario artículo aparecido en 1983 ("El territorio como palimpsesto") André Corboz comparaba dos maneras de relacionarse con el territorio: la contemplación del paisaje y el mapa [CORBOZ 2004: 29 a 33]. Aunque ambos tienen remotos antecedentes, Corboz expone una muy resumida genealogía, tomando como punto de partida actitudes que caracterizan la cultura occidental desde el siglo XVIII. Es obvia la componente cultural, no natural, de dichas actitudes, pero sin negarlo si me gustaría presentarlas como polos constitutivos de sendos modos de relacionarse con el territorio que cubre un enorme lapso histórico, al menos desde el surgimiento de la escritura alfabética, hasta hoy mismo, siempre con profundo vigor. Tanto como para ser capaz de dar cuenta de problemas centrales y en especial el que atañe a nuestro tema en la era del cibermundo: podríamos asimilar esta dualidad con el que forman las derivas y las cartografías. Pero vayamos por partes, en el siguiente listado (donde separo los términos realativos a ambos modos mediante el signo de barra "/") comparo ambos modos de relación aprovechando la distinción sugerida por este autor:


Dualidad de Corboz: PAISAJE (TERRITORIO)/ MAPA

1. Sentidos implicados: global, todos los sentidos/ la vista

2. Posición del ojo: en movimiento/ quieto y absoluto (el ojo de Dios)

3. Visión: horizontal/ vertical

4. Distancias sujeto-territorio: al alcance de los sentidos/ infinita

5. Relación con el tiempo: el presente/ fuera del tiempo

6. Relación con el sujeto: afectiva/ instrumental

7. Relación con el territorio: recorrido del territorio/ representación del territorio

8. Vehículo de relación: el cuerpo, lo sensible/ el mapa, artefacto tecnológico

9. Conocimiento: estético/ científico

10. Transmisión del conocimiento: oral/ grafismos pictográficos y escritos

11. Eje singular-universal: concreto, lo sensible/ abstracto, lo lógico-formal

12. Actitud cultural: romanticismo/ racionalismo


Sin embargo hay que ser prudentes en correlacionar ésta con otras dualidades. Empezando por la que asigna valores positivos y negativos; pues probablemente con el actual cambio de actitud respecto la naturaleza (de objeto a dominar a cuasi sujeto a respetar) preferiríamos la relación más directa, sincera y auténtica, la propia del caminante-explorador, que la que proporciona el mapa. Sin embargo sí es posible aducir una razón diferente y más consistente para esa preferencia e interesa recordarlo para entender la situación en el actual momento histórico desde el instante en que el mapa es objeto que intermedia la relación entre el medio territorial y su ocupante. El mapa puede llegar a sustituir al territorio; y el caso es que no faltan motivos para que esto suceda, sobre todo si es en provecho del agente que proporciona el mapa, explotando tanto al territorio mapeado como al usuario del mapa. Este puede ser el caso del turismo en donde se invierte de un modo radical la relación genésica territorio-mapa (y aquí mapa es sinónimo del conjunto de imágenes que representan el escenario turístico, anticipándolo, acotándolo, dirigiendo tanto la experiencia del turista como la manera en que debe ser construido físicamente el destino turístico); entonces el mapa no es tanto el reflejo del territorio como instrumento de su conformación; el mapa impone un cierto territorio, antes inexistente, lo performa.

Este propósito es lo que caracteriza a los mapas-planos que forman parte de los proyectos técnicos, al servicio de la construcción de un futuro espacio o medio (un proyecto ha de contentarse con esto, el territorio vivo no es nunca el efecto de una voluntad a través de un proyecto; como mucho éste será la ocasión para que surja un territorio a partir de su medio-soporte o medio-recurso). Sabemos sobre todo que planos y mapas son instrumentos de dominación y en un lugar destacado ahí están como preciosos útiles bélicos.

A esta experiencia vicaría es a lo que me imagino que Heidegger llamaba existencia inauténtica, dominante en la modernidad occidental: la tecnología contemporánea (y las cartografías, aún las más modestas, son un producto tecnológico) sería según esto intrínsecamente alienante. Para superarlo Heidegger propone volver a la originaria tecné, donde arte y técnica eran lo mismo. No obstante esto no debe entenderse como la invitación a una regresión, más bien es una llamada para relativizar la rotunda separación moderna entre arte y tecnología.

Y especialmente el arte en su dimensión expresiva: si reparamos en lo que quiere decir que el mapa es un modo de representación, o sea como algo que re-presenta porque se pone en el lugar de lo representado, también podemos pensar que tal vez pueda haber presentaciones, mapas-presentaciones (que se presentan a sí mismos); de sobra sabemos que hay mapas bellísimos, capaces de suscitar emociones estéticas, que son más presencia que referencia; pero lo que ahora quiero exponer es otra posibilidad, la que abren las derivas situacionistas, en tanto son experiencias-experimentos que van más allá de los simples paseos, pues ya hay un método procesual y un registro-comunicación de lo acontecido más allá de la experiencia encerrada en lo individual.

La deriva está a medio camino entre el simple recorrido del territorio y su representación; aunque en realidad supera esa disyuntiva. Si fuera solamente un mero paseo, un recorrido rutinario y ocioso, estaríamos ante un acontecer meramente presencial, una acción sin rastro de representación salvo los retazos de recuerdos que pueda guardar en su memoria el paseante. La deriva situacionista exige, por el contrario, una atención capaz de romper el velo del la indiferencia que envuelve las actividades habituales.

Intencionadamente se da un tercer movimiento que se añade a los dos que se producen espontáneamente en el paseo: el de primer orden, que es un movimiento de desplazamiento en el espacio, y el de segundo orden, de tipo transformativo, que deja huellas en la memoria del paseante. El movimiento que se superpone a estos dos es reflexivo y consciente, poniendo en relación los datos que proporciona la percepción con otros conocimientos propios del derivante (recuerdos de otros recorridos, pasajes literarios, saberes disciplinares de cualquier tipo, etc.); es también un movimiento de transformación (o más propiamente: aprendizaje) que además puede ayudarse de registros en instrumentos diferentes a la memoria personal: apuntes, fotos, recogida de objetos, croquis, grabaciones y filmaciones, etc.

Como siempre es posible imaginar un dispositivo, derivante en este caso, que proceda a la inversa; en donde la mirada ya no sea (físicamente) itinerante, al modo como es inversa la visión cinematográfica respecto la del turista. En tal caso tendríamos observación del simple discurrir de la vida; pero si aplicamos la misma intención de la deriva, todo cambia y un mundo insospechado aparecer bajo la rutina cotidiana.

A esto se suma posteriormente, después de concluido el recorrido de la deriva, una tarea de revisión, ordenación y composición de todo lo recogido, pudiendo concluir en una especie de documento que puede considerarse una representación de lo acontecido en la deriva, al modo de un cuaderno de viajes. Pero si se insiste en la deriva como acto de creación, al margen de las situaciones que eventualmente el derivante haya tenido la fortuna y el acierto de provocar en el transcurso de su acción, existe la posibilidad de que la deriva, al modo de las obras de arte bien logradas, genere más derivas, es decir, prolongue la sustancia de su movimiento primordial en otra subjetividades, vuelva a ser acción que contagia y transforma esas subjetividades. En ese momento es presencia, principio de movimiento, ya no más representación de otra cosa situada en el pasado.

Después de esto resultara fácil al lector prever lo que ahora voy a proponer: simplemente componer estos dos modos (es decir, el recorrido vivencial del territorio y por otra parte su presentación en un soporte exterior y objetivable, el mapa) en un dispositivo que constaría de un nivel propiamente cartográfico (el mapa) alojado en Internet, más o menos georreferenciado, puesto a punto y mejorado continuamente por los cibercartógrafos; y otro nivel, de muy sencillo manejo, mediante el cual se insertarían en la cartografía lo que aportarían los agentes locales (el territorio tal como es experimentado). Una cartografía multiderivante (derivas directas o inversas) en continuo cambio y expansión, instrumento del pliegue de la multitud sobre sí misma, plataforma de encuentros, conocimientos, intercambios y producción biopolítica.


5. Las cartografías como plataforma de hipervínculos

Para resumir este texto y plantear líneas generales de actuación término con algunos breves conclusiones

El cibermundo es inherente a una sociedad históricamente diferente de las precedentes. Esto lo planteo con más rigor afirmando que lo que aparece es más que una sociedad, es un territorio nuevo donde conviven diferentes estratos sociales, humanos y no humanos, englobando a la vez el cibermundo y el geomundo, éste profundamente afectado en esta mutación histórica. El problema es que aquellos que carezcan de una puerta o conexión con el cibermundo están en grave desventaja ya que quedan encerrados en un espacio segregado y débilmente dotado para oponerse a los eventuales intentos de sometimiento que se proyecten desde los que pueden valerse del ciberterritorio. Y eso al margen de no poder aprovechar las oportunidades de desarrollo y autonomía personal inherentes a los nuevos medios; su desventaja es como la de los analfabetos en la era de Gutenberg.

Pero el geomundo, el mundo físico de toda la vida, el de la era industrial y urbana, aunque se transforme profundamente no debe quedar reducido a un submundo. En esta consideración hay mucho más que un cálculo de eficiencia operativa; se trata de la base de una práctica política como han intuido los miembros de la sociología simétrica en relación con los actantes; y en relación con los demás seres vivos los pensadores y activistas del ecologismo.

Es una obviedad afirmar que la vida social en su mayor parte todavía no habita la Red. Pero a esto hay que añadir que sigue siendo fundamental y conviene no desperdiciar la ocasión para que sus problemas y conflictos tengan mejores perspectivas de solución gracias a los potenciales del cibermundo. La conexión geomundo-cibermundo (local-global) es radicalmente estratégica; las cartografías son instrumentos ideales para que dicha conexión sea operativa y fructífera, no sólo en el sentido de que supongan magníficas armas en las luchas sociales, también pueden proporcionar una excelente pasarela para acceder con suficiencia al cibermundo, haciendo fácil el aprendizaje y adquisición de habilidades que son necesarias para desenvolverse con soltura y autonomía en la Red.

Esto demanda también una determinada actitud por parte de los expertos. Creo que hay que precaverse del autoengaño que consiste en que los conflictos son cosa de dos, de dos facciones (es caricatura) bajo las respectivas banderas de Bill y Linus. Como error también es concluir que estamos en una reedición de las secular guerra entre la tiranía y el pueblo (todopoderosos monopolios contra muchedumbres consumidoras, etcétera). El tercer elemento es tanto esa masa sin especiales poderes ni conocimientos a la que parece no concernir la guerra entre códigos propietarios y códigos abiertos, como también esos inventores y creadores, singularidades entrometidas en el antagonismo capital-trabajo. Y ese tercer elemento tiene un solo nombre en política: la multitud; en vez de gobierno de los inteligentes, autogobierno de la inteligencia distribuida. El tercer elemento somos todos, todos somos inter-medios; y ahí están las cartografías tal como las pensamos, territorios donde se encuentran expertos y legos, precioso recurso común, instrumento de su activa colaboración; producto poderoso para autoproducirse.

La maduración del ciberterritorio tiene un clarísimo síntoma: la multiplicación de las instancias intermedias, de modo que la excepcionalidad social del puñado de visionarios primeros se va diluyendo poco a poco entre los hackers puros y la masa de usuarios con una formación elemental; van apareciendo segmentos cada vez más numerosos con habilidades intermedias que en muchos casos fertilizan recíprocamente los saberes más antiguos y los surgidos en el cibermundo, inventando de paso tecnologías hibridas con un gran potencial.

Ahí creo que está la potencia de este invento, en su carácter mestizo y múltiple, entre geomundo y cibermundo, entre local y global, entre tecnologías mecánicas y tecnologías sociales, entre estudio y acción, entre mapa y territorio.


Bibliografía

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WOLTON, Dominique. Sobrevivir a Internet. Barcelona: editorial Gedisa, 2000





[artículo de Eduardo Serrano para CARTAC; versión de 01 01 2006 del texto cuya versión original es de 31 de octubre de 2005; en

http://rizoma.org/mediawiki/index.php/Con-textos_cartogr%C3%A1ficos._Las_cartograf%C3%ADas_en_el_cibermundo_%281%29 y

http://rizoma.org/mediawiki/index.php/Con-textos_cartogr%C3%A1ficos._Las_cartograf%C3%ADas_en_el_cibermundo_%28y_2%29 ]