Casa del hombre primitivo
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Casa del hombre primitivo

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La casa del hombre primitivo

La cabaña primitiva

Señalan los que se dedican a la tarea de contar la historia que las más antiguas viviendas verificables eran concavidades hechas en la tierra, en forma de artesa o de plato; o, también, dicen otros, un conjunto de apoyos provisionales colocados de alguna superficie rocosa para protegerse contra las inclemencias del tiempo y de sus diversos enemigos. No obstante ningún arqueólogo está en disposición de certificar cual es la primera vivienda, cual es el primer prototipo de la casa. En palabras de Rykwert, al tratar sobre el origen de la casa, nos asistimos obligadamente del “recuerdo de algo necesariamente perdido”. Lo que si parece cierto es que en la época neolítica fueron por primera vez realidad los establecimientos humanos más permanentes, a lo que se debe que los frágiles cobijos fueran siendo gradualmente sustituidos por viviendas sólidas. Pasará mucho tiempo en que la forma social del hombre se vaya construyendo y con ella un sistema de símbolos espacios–temporales que hará posible el desarrollo de todo tipo de lenguajes, entre ellos, la arquitectura. Ubicando temporalmente esta evolución del hombre asistida de la explotación de sus propias potencialidades, explica Leroi-Gourhan que “..., desde el paleolítico superior en adelante, hubo un intento de controlar todo el fenómeno espacio-temporal por medios simbólicos, de los que el lenguaje fue el principal. Estos medios implican un auténtico “hacerse cargo” del espacio y el tiempo a través de la mediación de los símbolos: una domesticación de los mismos en sentido estricto, pues entraña, dentro y alrededor de la casa, un espacio y un tiempo controlable”.

Habilidades previas

Siguiendo la senda iniciada es bueno establecer cuales son las predisposiciones necesarias para poder adentrarse en un sistema de símbolos, en particular, aquél que hace posible la proyección y programación de forma global y compleja, previas a la acción. En este caso, antes de que el hombre decidiera hacer una casa tuvo que poseer un sistema de referencia geométrico y abstracto. Un sistema básico que permita compartimentar el tiempo y el espacio estableciendo referencias precisas a las acciones necesarias a emprender en un momento determinado del tiempo y en un punto o lugar preestablecido del espacio acordados. Estos hombres que así proceden son capaces de reconocer y representar secuencias de líneas y la retícula, además, aportarles atributos enigmáticos o cotidianos. Así , Giedion encuentra en estos hombres ya evolucionados con conceptos propios, elaborados en base a la repetición, predisposiciones que se manifiestan en artes que experimentan alrededor del vacío, cuyo fin último es la de contener y visualizar el espacio, es el caso de la arquitectura y de la fabricación de enseres de barro cocido . “La alfarería no sirvió de modelo a la arquitectura, ni la arquitectura sirvió de modelo a la alfarería. En la base y precedentes de ambas hay una concepción común: la abstracción y el simbolismo”. Simplemente, el que el hombre consiguiera la casa de planta rectangular con paredes verticales que conocemos, como puede ser la documentada casa con patio de Mesopotamia hacia el año 2000 a.c. , hace pensar en un larguísimo periodo de transformación que se inicia con las provisionales estructuras sociales y físicas de la prehistoria.

¿ Cuál podría ser el sentido de aquellas casas, no ya el material -que atañen a la dominación del entorno próximo, que conlleva la seguridad y la defensa, o sea, la integridad del individuo o del grupo- sino el propiamente simbólico que construye esa necesidad como un además de la existencia? Casas que pertenecen a un tiempo totalmente ajeno e inimaginable, en el que se ensayan y definen unos nuevos códigos de representación del cosmos y la humanidad explora unas habilidades que son adquiridas a medida que se logra avanzar en la conciencia del espacio y el tiempo, lo que va a hacer posible, que a la larga, ésta se halle en disposición de establecer relaciones entre distintos hitos que se referencian exclusivamente en base a parámetros de estos ámbitos, que en origen son físicamente vacíos. Nacerán con la inclusión de estos hitos la conmemoración y los espacios conmemorativos. Giedion nos congela ese primer estadio de la casa en el que supera la estricta supervivencia animal y hace de umbral a otro tipo de supervivencias sociales y grupales, y tras él, descubre unos valores simbólicos de inmanencia y de conjuro ante las fuerzas de la naturaleza .” La vivienda era todo uno: la casa de los muertos, de los antepasados y de los serviciales y protectores espíritus familiares”. La casa así retratada es un contenedor de todo lo que atañe al hombre, todo junto como parte de una sola existencia secuenciada por la naturaleza o por las generaciones. Se convierte no ya en una sofisticada concha protectora a la altura de la habilidades y tecnologías desarrolladas, sino en el cobijo de la memoria y de las referencias grupales.

Un segundo paso en la configuración estructural de las primeras casas lo señalará la colectivización de los ritos de la memoria y de la referencias. En el momento en que “en el quinto milenio, se construyó el primer pequeño santuario en Mesopotamia, quedó establecida la separación del universo de los espíritus de las residencias privadas de los hombres”. Apartada así la casa de soportar otros contenidos culturales y religiosos distintos a los que se derivan de la estricta existencia personal y de convivencia con el grupo, será el refugio del yo extendido hasta el confín de un espacio propio que contiene símbolos que él, y solamente él, exactamente relaciona. Justamente porque la casa ha nacido al calor de la evolución del hombre social necesariamente también será antesala del yo social , anfiteatro de proyección simbólica hacia el grupo al que se pertenece y del que se depende.

Los inicios segun Vitrubio

Descubrimiento del fuego según cesariano
La construcción de la cabaña primitiva según vitrubio

Vitrubio cuenta cómo “los hombres de épocas antiguas crecían como las fieras salvajes en bosques, cavernas y arboledas, y a duras penas se mantenían con alimentos silvestres. En cierto momento ocurrió que los gruesos y apiñados árboles, abofeteados por el viento y la tormenta, frotaron unas ramas con otras de tal modo que se prendieron fuego: los hombres que presenciaron esto se aterrorizaron y huyeron. Cuando las llamas se calmaron, se acercaron y notando el consuelo que traía a sus cuerpos el calor del fuego, echaron más leña y lo mantuvieron encendido al tiempo que llamaban a otros y se lo señalaban con signos que indicaban lo muy útil que podría ser. En esta reunión de hombres, se pronunciaron sonidos de diferente tono a los que, a través del continuo ejercicio diario, dieron el valor acostumbrado a las sílabas fortuitas. Luego, señalando las cosas de uso común, empezaron a hablar entre sí gracias a este accidente. Puesto que la invención del fuego trajo consigo el congreso de los hombres, y su consuelo juntos y su cohabitación, y puesto que ahora muchas personas se reúnen en un lugar, y además les ha sido dado un don por la naturaleza por encima de los otros animales, el de no caminar con la cabeza gacha, sino alta, y poder ver el esplendor del mundo y las estrellas; y puesto que podían hacer fácilmente lo que desearan con sus manos y dedos, algunos de los del grupo comenzaron a hacer techos de hojas, otros a cavar agujeros bajo las colinas, pero otros hicieron lugares para refugiarse a imitación de los nidos y edificios de las golondrinas con barro y zarzo. Luego, observando la construcción de otros, y añadiendo nuevas cosas por su propio razonamiento, llegaron con el tiempo alojamientos mejores. Y como los hombres eran de una naturaleza dócil e imitativa, vanagloriándose de sus invenciones diarias, se mostraban unos a otros los resultados de la edificación; y así, compitiendo en el empleo de sus habilidades, mejoraron gradualmente su raciocinio.”

Los inicios segun Filarete

Por su parte Filarete, se asiste de suponer la existencia de una oportunidad previa y, por medio de ella, se remite al juego de la memoria y sus ideales: “Hemos de suponer que cuando Adán fue arrojado del Paraíso estaba lloviendo. Y como no tenía a mano más protección, se llevó las manos a la cabeza para defenderse del agua. Y del mismo modo que la necesidad le obligó a encontrar comida para seguir viviendo, así también la vivienda fue una habilidad para defenderse del mal tiempo y el agua.[...] debemos de creer en consecuencia que Adán, habiéndose hecho un techo con sus dos manos, considerando la necesidad de hacer una vivienda, reflexionó y se ejercitó para fabricarse alguna habitación que le defendiera de estas lluvias, así como del calor del sol...”

Más completa y compleja la teoría que sustenta Vitrubio, ya que en ella no sólo se adentra en el mundo utilitario de la casa en propia defensa del hombre contra los elementos de la naturaleza, si no que insiste en la necesidad de un yo social previo a la producción de la vivienda. Para Filarete el origen de la casa se sitúa en el mismo momento del origen de la humanidad, desde que la frente del hombre ha de sudar para ganarse el sustento de cada día. El origen de la casa se encuentra en un gesto anterior a todos los tiempos, pero es una casa utilitaria en una sola dirección, la del refugio animal. La casa de Vitrubio se formula mucho más tarde en los momentos en que la unión grupal de los hombres hace entrar en danza un universo nuevo de relaciones y comunicaciones entre ellos y por tanto, impele a un mundo complejo y fraccionado.

Los orígenes de la casa

Cabaña primitiva según Laugier

Por tanto, los orígenes de la casa como arquitectura, es decir, entendida como elemento cultural y simbólico evolucionado, se hallan en una necesaria y previa capacidad de experimentación del hombre con los parámetros asociados a los conceptos de espacio y tiempo y, por tanto, habituado a operar y evaluar de forma abstracta, ya sea geométrica, ya sea simbólica. Pero hay una clara intuición de un pre-tiempo del hombre en el que se forja todo este fondo experimental y cultural que transciende en múltiples lenguajes y disciplinas. En ese pre-tiempo, que media entre la aparición de la especie humana y esas primeras expresiones lingüísticas datadas, se sitúan las dos descripciones de los tratadistas citados. Uno comprende los actos humanos adhiriéndose a las posturas centrales de los estoicos( es la reflexión y no la necesidad, la que enseña a los hombres a utilizar ventajosamente los elementos naturales) y desde un entendimiento orgánico: múltiple y subsidiado a la vez. De ahí, colige la casa como una gestación del grupo, una más de las múltiples disciplinas y habilidades creadas y desarrolladas por y para él mismo, una vez que el fuego por primera vez lo convoca. El otro explica la casa desde la racionalidad más absoluta, desde los elementos primarios y la universalización de las necesidades. Llegados a este punto, se corrobora que la casa, tal y cómo nosotros hoy la entendemos, se puede expresar como un cobertizo universal de defensa extendida a “el otro” en cualquiera de sus categorías, o como un espacio plural domesticado del yo interior de cada individuo que a la vez es elemento conformador del espacio general domesticado del grupo y sus jerarquías. Comprendemos que la racionalidad, que es necesariamente la observancia de un particular que por su capacidad de ser reiterativo y manifestarse en muchas partes se hace universal, en sí es reducción a mínimo común múltiplo y es imprescindible para comprender y analizar los fenómenos. Pero no todo es racional, por el contrario, en el principio de siglo en el que nos encontramos las cosas se entienden sometidas al caos y a la dinámica de los fluidos, por tanto, poliédricas y heterogéneas. Nuestra visión de hombre contemporáneo sobre los acontecimientos se acerca más a una acción fortuita derivada de una conjunción posible. Por tanto estaremos más cercanos a comprender las actuaciones del hombre como las de un ser netamente social perteneciente por entero a un engranaje que lo supera y que lo hace agregado a la vez que disgregado o, expresado de otra manera, forma parte del grupo a la vez que puede operar, y de hecho opera, de forma autónoma. Un hombre con proyección social, que le obliga a mantener al menos dos niveles de existencia -hacia dentro y hacia fuera , como individuo y como elemento jerárquico del grupo- y a la necesidad de configurarse un yo interior, un último reducto domesticado, más o menos amplio, pero el suyo: su morada, su casa.

El concepto de casa

Si aceptamos la casa en este último sentido que se le encuentra, podemos pensar que el concepto de casa es permanente en el hombre desde que la civilización se conoce y que lo que sí se modifica es la instrumentación que de la casa se hace, en torno a un sistema específico de jerarquía de ideas y rangos, de manera de producir y de pensar, que genera un mundo objetual y de referencias adaptado y propio del sistema social. Desde este punto de vista podemos avanzar que si de forma dialéctica la casa va asociada a la organización de la sociedad, nos encontraremos con artefactos históricos que llamaremos casas pero que están muy distantes de vivirse, en sentido amplio del término, a como hoy se hace. Si desde el Renacimiento se reivindica la individualidad del hombre esto no ha podido ser hasta que las condiciones de producción han permitido la superabundancia y la propiedad personalizada de cada pertrecho o apero. La casa particular o familiar de hoy, es producto de este capitalismo liberal que se reformula en vías de acción desde hace más de siglo y medio. Así, la casa se reformula y se extiende como equipo indispensable de la persona sometido a la lógica de producción y acceso a los bienes de consumo.


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