Arquitecturas coplanarias/Glosario/Sensaciones
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Arquitecturas coplanarias/Glosario/Sensaciones

De CityWiki

Ayer estuve Granada.

Hay veces que al recorrer una ciudad da la impresión de estar navegando, siguiendo estelas sobre superficies líquidas. Es entonces cuando los edificios, aprendidos como sólidos, aparecen como manchas de aceite de formas caprichosas, densidades cromáticas flotantes en un espacio homogéneo. Tonos pardos que se agrietan retirándose, dejando paso al azul ceniza serpenteante del asfalto. Recogidas, Paseo del Salón, El Realejo. De cuando en cuando, una señal. Una voz suave que te indica al oído dónde estás y hacia dónde has de dirigirte, una voz amiga, la misma que te ha acompañado desde hace ya tiempo. La que te reconforta cuando te sientes perdido. Letreros luminosos, indicativos que reorientan el trayecto. Plaza Nueva, Sacromonte, Carretera de Murcia. Doscientos kilómetros más y estábamos en casa, apagué el motor y desconecté el gps. Sólo entonces, al salir del coche, notamos la brisa fresca que posiblemente nos había acompañado durante toda la jornada.



Tengo una ventana que es un espejo.

Me gusta despertarme temprano y abrir las dos hojas de par en par para encontrarme a mi misma frente a frente, pero cada vez siendo una persona diferente. Cuando esta mañana me vi reflejada pude intuir que algo grande iba a suceder. Sin dudarlo me hice uniformar con la coraza más resistente y, una vez encaramado a mi caballo, ordené izar el puente levadizo. Al otro lado, en las profundidades del espejo, recortando el rojo sanguinolento del atardecer, el Ejército Negro se abalanzaba aterrador hacia las puertas del castillo. Lo hice desaparecer con un solo gesto. Rápidamente, llegaba tarde a la oficina.



-Mañana veré la película Faces (caras) de John Cassavetes.

Es una de las primeras pelis que se pueden denominar como independientes. Un guión no comercial y un presupuesto mínimo, realizada sin ninguna otra vocación que la de experimentar con nuevas formas de expresión. El título deja intuir que las caras de los personajes son las verdaderas protagonistas de la película. La historia de un desencuentro amoroso contada por medio de dos infidelidades y construida con caras. Caras que inundan la pantalla. Bocas de risas estridentes, miradas furtivas y tristes, labios lascivos, pieles arrugadas por la frustración.

La tuya me recuerda a la de la protagonista.

A ver, ponte de perfil. Sí, eres clavada.

¿De qué te ríes? Es cierto, mañana lo verás tu misma.

Salgo a las seis.

Sobre las ocho, ¿te parece bien?

De cualquier modo mañana nos conectamos a esta misma hora y lo confirmamos.



Fui a ver un cuadro y no conseguí verlo. Era bastante grande, cuatro por tres metros.

En el catálogo de papel parecía bastante claro: una escena bucólica, un paisaje campestre al amanecer con un árbol en el centro del lienzo. Cuando pasé a la sala del cuadro me pareció que había sido víctima de una broma, me había pegado la gran caminata para no ver nada: el cuadro no estaba. En su lugar, una pared vacía, en la más absoluta oscuridad. Pasé a la sala siguiente y allí, un video de un hombre que flotaba en un líquido que parecía ser agua. Cuando acabó la proyección volví sobre mis pasos y cual fue mi sorpresa que, al pasar de nuevo a la sala vacía, encontré el cuadro del amanecer, grandioso, iluminando toda la habitación. Me senté boquiabierto para contemplar la escena. Asombrado todavía por mi anterior descuido, no llegaba a comprender cómo algo tan voluminoso me había pasado desapercibido. Y fue entonces cuando, observando el cuadro, me percaté de que en realidad la imagen no era estática, sino que como si de un amanecer real se tratase, la luz iba cambiando casi imperceptiblemente, intensificándose con el paso lentísimo del tiempo. Es un cuadro en movimiento, pensé. O un amanecer hecho de millones de cuadros. Del negro más profundo, el de la noche, se pasaba al cabo de las horas a la plenitud del día. Pero de nuevo sorpresa: cuando el sol estaba en lo más alto, la imagen empezaba a aclararse progresivamente hasta llegar a ser un simple lienzo iluminado, una pared totalmente blanca. Me levanté y salí del museo indignado.

¡No se puede jugar con algo tan real como un amanecer! ¡Porque confunde!





“Hablamos mucho ahora de una posible destrucción o subordinación de los espacios físicos por los espacios electrónicos y, en el extremo de esta tendencia, por el llamado ciberespacio. Pero no debemos olvidar que nuestra percepción del espacio y del tiempo ha venido, en nuestra era, marcada por máquinas de medición, es decir, de tecnología, que van desde el reloj de pulsera hasta los telescopios de radiofrecuencia. Es también posible que seamos capaces de medir el espacio y el tiempo, pero que aun no sepamos qué son ni el uno ni el otro. Es posible que nuestra aproximación a estos conceptos, esenciales para la evolución de nuestro modelo de civilización occidental, haya estado condicionada-puede que, para la comprensión de algunos fenómenos, fatalmente-desde los planteamientos heredados de los filósofos griegos de la Antigüedad. Y es asimismo posible que una lectura optimista de las posibilidades de las nuevas tecnologías sea la de abrir una vía a otros modelos de lo que pomposamente llamamos realidad” ( fragmento del artículo Paisajes sonoros: una aproximación histórica, de José Iges)