Il y avait un jardin

En los años setenta, el cantante galo George Moustaki inundaba el olor a naftalina de la atolondrada vida española de suave brisa.  He rescatado esta joya recidiva porque recuerda cosas pendientes aun por resolver. Lo más conmovedor es que al poner remota fecha de inicio, convierte el asunto medioambientaal en un clásico de nuestra cultura.  Hace más de treinta años que cantó a “les enfants qui ne sauront peut-être jamais que la terre était un jardin” una balada triste donde anuncia  la imposibilidad de  la búsqueda del “jardin que se llamaba la Tierra” y su personal fracaso.

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La letra original en francés:
C’est une chanson pour les enfants
qui naissent et qui vivent
entre l’acier et le bitume
entre le béton et l’asphalte
et qui ne sauront peut-être jamais
que la terre était un jardin
—-
Il y avait un jardin qu’on appelait la terre
il brillait au soleil comme un fruit défendu
non ce n’était pas le paradis ni l’enfer
ni rien de déjà vu ou déjà entendu.

Il y avait un jardin une maison des arbres
avec un lit de mousse pour y faire l’amour
et un petit ruisseau roulant sans une vague
venait le rafraîchir et poursuivait son cours.

Il y avait un jardin grand comme une vallée
on pouvait s’y nourrir à toutes les saisons
sur la terre brûlante ou sur l’herbe gelée
et découvrir des fleurs qui n’avaient pas de nom.

Il y avait un jardin qu’on appelait la terre
il était assez grand pour des milliers d’enfants
il était habité jadis par nos grands-pères
qui le tenaient eux-mêmes de leurs grands-parents.

Où est-il ce jardin où nous aurions pu maître
où nous aurions pu vivre insouciants et nus,
où est cette maison toutes portes ouvertes
que je cherche encore et que je ne trouve plus.

La traducción al castellano:
Esta es una canción para los niños
que nacen y viven
entre el acero y el alquitrán
entre el hormigón y el asfalto
y que puede que nunca sepan
que la tierra era un jardín
—-
Había un jardín que se llamaba la Tierra
Brillaba al sol como una fruta prohibida
No era el paraíso ni el infierno
ni nada que haya visto u oído.

Había un jardín una casa de árboles
con una cama de musgo para hacer el amor
y un pequeño arroyo discurriendo sin una ola
lo venía a refrescar y seguía su curso.

Había un jardín tan grande como un valle
donde poderse alimentar en todas las estaciones
sobre la tierra ardiente o sobre la hierba de helada
y descubrir flores que no tenían nombre.

Había un jardín que se llamaba la Tierra
lo suficientemente grande para miles de niños
antes lo habitaban nuestros abuelos
que lo heredaron, a su vez, de sus abuelos.

¿Dónde está el jardín donde podríamos haber nacido
donde vivir sin preocupaciones y desnudos
dónde está esa casa con todas puertas abiertas
que aún busco y que ya no encuentro?